La última temporada de House

Siempre he pensado que House era como Doraemon, quizás por eso es una de mis series favoritas, estructuralmente ambas se pueden desglosar de la misma manera, el mismo esquema narrativo:

Enfermedad rara – paciente mejora – luego empera – parece que la solución ya está – se pone peor – House no da con la solución – Por un comentario o algo aparentemente insignificante que ve o escucha da con la solución – algún tema indie de fondo para ver como terminan los personajes el episodio y para casa.

Y el del gato cósmico:

Novita llega a casa y llora y gimotea a Doraemon porque Jigante y Suneo le han puteado de alguna manera – el gato adicto a los Dorayakis (que son la gran mentira de las cosas sabrosas) le da un aparato – Novita lo usa de manera ingenua – luego le corrompe el poder  y la sed de venganza – Suneo y Gigante lo descubren – le sale todo mal y le roban el aparato – acaba llegando Doraemon al rescate.

A lo que voy, la última temporada de House está de prestado, sí, es un regalo que los guionistas, vale que era rentable para la cadena, productores, actores… pero hacer otra era innecesario, es un poco como las dos últimas temporadas de Buffy Cazavampiros que aunque salga mi venerado Spyke y la sexta sea mi favorita pues reconozco que hubiese sido más redonda sin estas dos (y la verdad es que lo redondo es de vital importancia, sino que se lo digan a Keira Knightley).

Atrás quedaron episodios tan brillantes como el homenaje a Alguien voló sobre el nido del cuco con ese magistral doble capítulo que comienza con No surprises de Radiohead en el que House por primera y creo que única vez se ve indefenso ante el mundo en el manicomio, tiene que acatar normas, se enamora, pide perdón, sale derrotado y resurge de sus cenizas, incluso se ve bondad en sus ojos… más que un episodio es una película.

La octava temporada es un “como pudo ser House si no hubiésemos tirado por la línea mas cabrona del personaje”. Ya sin Lisa Cuddy los episodios vuelven a ser en su mayoría autoconclusivos como en la primera temporada, claro que hay tramas arco como la despedida de Chase, la enfermedad de Wilson, las divertidas pero absurdas situaciones con las hijas de Taub pero se vuelve a esos pacientes secundarios que atendía en la consulta, a esa fina ironía y estilizado sarcasmo. Se deja el ensañamiento de las temporadas posteriores (sobre todo de la cuarta), si alguien ha visto la edición de Operación Triunfo de 2008 con Virginia y demás, podrá ver ahí el Gregory Risto bueno y el posterior que se ensañaba con los concursantes. No tienen nada que ver.

También se explotan con mayor frecuencia los diálogos marca de la casa donde hablan de las posibles enfermedades del paciente mientras se meten en algún asunto personal de los miembros del grupo. Incluso reaparece Sela Ward, su mujer que creíamos ya… bueno la creíamos ya en Cinco Hermanos y que no volvería. Lisa Edelstein tiene que haber terminado muy mal con los productores para no querer salir ni siquiera en el último episodio…

La serie sin Cuddy no podía tener otro final y ya era muy difícil darle un argumento para toda una temporada y que no pareciese un pegote, ya fuese con nuevas apariciones de personajes del pasado o con nuevos personajes que podrían haberle dado más chicha (me gustaba el personaje de la inmigrante mujer de House que tan poco fue utilizado en la séptima y tan bien se ha sabido aprovechar en la octava pero bien pensado no podría haber acabado nunca con ella). El personaje de Lisa Edelstein no merecía un final tan “atropellado”, quizás tampoco uno tan moñas como el de Rachel y Ross pero cualquier cosa que fuese centrar la temporada en el amor hubiese sido un fiasco… ¿y quién o qué quedaba? Wilson.

Wilson y House, su relación de compañerismo, de sumisión, de amista, de investigación… lo mejor a lo que agarrarse y lo más verosímil, la mejor opción sin duda, Foreman había dejado de ser un secundario a tener en cuenta y Chase no tenía el peso dramático necesario, amén de las nuevas incorporaciones (comparsas graciosas y de interacción adjetival para otros personajes) y de Taub, que es un contrapunto inmaduro y de experiencia a la vez pero sin una profundidad narrativa para llevar tramas.

Gracias por la octava temporada, una tempora de colegas, de House y Wilson, de lo que pudo haber sido y no fue, de la línea que se pudo seguir, para mí la más divertida de las ocho pero también la menos profunda, pienso en ella como si te regalasen una camiseta de tu equipo favorito de fútbol, te la vas a poner sí o sí y no hace falta que te compren el resto del kit, el pantalón y las medias pero… si te lo compran pues la verdad es que poner, te lo vas a poner, aunque sea en casa o en carnavales.

House y Doraemon, misma cosa.

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