El Badoo más televisivo sigue sumando grandes momentos, y yo que me alegro. De los capítulos vistos quizás este sea el que mejores momentos ha dado. Una piedra, una lista secreta de presentes, pasados y futuros coitos, Bernardo picando piedra en Minecraft…

Bernardo y Andrea

bernardito

El comportamiento de Bernardo empieza a recordar a esas aventuras gráficas tipo Maniac Mansion o Monkey Island donde encontrabas un objeto: llave, esponja, botón… e intentabas usarlo con todo tipo de cosas: puertas, lámparas, centauros…

El asturiano debería dejar de intentar encajar ese objeto y actualizarse al 2016. Es decir, mirar un gameplay y pasar de ella. Debería intentar granjearse una imagen que le permita ser conocido y conseguir el amor mediante una campaña televisiva para atraer a otras mujeres, no con ella.

“Tú eres mi vocabulario y yo soy tus ojos” puede rivalizar con “Tú me completas” o “Tú eres mi única razón para seguir vivo”. Bernardo es mucho más que ella. No sólo por las referencias cinéfilas a Pretty Woman, King Kong si no porque se le intuye un fondo mucho más culto de lo que su físico puede dejar entrever. Ella aparte de quejarse y hablar de hurones no ha demostrado mucho más. Bueno, sí, se ha convertido en la villana oficial de esta edición.

Pedro y Mónica

monicota

Mónica, no es amor, lo que tu sientes se llama obsesión. Vayamos al meollo de la cuestión. Si vas a un reality no dejes una lista debajo del portátil con nombres de mujeres. No taches nombres, pon alguno de tío para despistar. Llama a tu madre para que rompa la lista antes de que llegue Mónica. Cúbrete las espaldas.

No estamos hablando de alguien normal, lo hacemos de la Mónica Geller galaica. Si hay una revista porno la encontrará, si hay algún CD “Especial Brasileñas” de los que regalaba Interviú a principios de los 90, lo encontrará. Si hay manchas de semen en las sábanas, obtendrá una linterna y sí, dalo por hecho, las encontrará.

Cuando una mujer dice “Yo soy el tipo de mujer que le gustaría a cualquier hombre” demuestra una falsa confianza que la hace vulnerable. Mónica tiene un absoluto convencimiento de que puede adiestrar a Pedro a lo César Millán. No ve una relación como algo mágico ni atemporal, lo ve como un tablero de juego de mesa. Has hecho algo bien pues te doy un besito, me muestras tus sentimientos, pues te doy sexo de calidad. La estrategia en el amor nunca ha dado un gran resultado.

Alberto y José Ramón

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Por cuestiones que se escapan al cosmos Alberto tiene una gran opinión sobre sí mismo. Física y cultural. Necesita sentirse el más poderoso de la relación y lo consigue. El incidente de la cena donde insinúa los orígenes mordorianos de José Ramón demuestra que no domina el concepto de inteligencia emocional. Sin embargo, sabe moverse. Al menos para pedir perdón. Sabe que le gusta a José Ramón y lo aprovecha. Conoce la tecla o combinación de comandos para arreglar cualquier metedura de pata que cometa. Esto en una relación puede dar tiempo pero algún día terminará la prórroga y habrá penaltis. Se terminará…

Tito y Cristina

sosacos

Hasta que no se demuestre lo contrario ha sido la parte más floja del casting. Me atrevo a decir que si escoges a dos personas en Tinder de manera aleatoria consigues dos personalidades con más chicha.

El intento de copia latina a lo Alexia no ha funcionado demasiado. Es necesario algún elemento secundario que dé chicha al asunto. ¿Puede ser la hermana de Tito? Podría serlo… si se enrolla con ella.

Jonathan y Sabrina

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Flota en el ambiente el síndrome “Kike-Verónica Teja”. Las cosas van demasiado bien para que sean ciertas. La diferencia es que ambos parecen buena gente.

Si al final deciden seguir con su matrimonio, el equipo de psicólogos, coach, videntes y churreros del programa se apuntarán un tanto a favor que podría garantizar una tercera edición. No olvidemos que esto es un reality, es un espectáculo televisivo, artificial pero… debe tener un elemento de credibilidad. Me da igual que sea un 0,1% pero debe tenerlo.

Conclusiones:

Bernardo debe seguir picando piedra cual Minecraft para placer de los espectadores.

Tito y Cristina deben abandonar el programa para convertirse en tronistas.

Alberto y José Ramón no sé lo que deben hacer. Quizás fornicar menos. Bueno, mejor que José Ramón se lleve a Alberto a una de estas cosas de zombies y demás. Puede proporcionarnos un gran momento televisivo.

Mónica debe revisar cada día los pantalones de Pedro para evitar que el madrileño acuda menos de lo debido a las varias pensiones Loli que parece frecuentar.

Jonathan y Sabrina deben tener algún conflicto. Lo visto en el avance del próximo programa del perchero de la ropa… es tan condenadamente absurdo que puede funcionar.

 

 

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